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¿POR QUÉ ES BUENO COMER PESCADO?

La Dieta Essential introduce el pescado en fase 2. Este alimento, además de ser una importante fuente de proteínas, desempeña funciones fundamentales en el organismo. Tanto es así que, junto con el marisco, se recomiendan tomar entre tres o cuatro veces a la semana.

La amplia variedad de pescados a la venta se clasifica en pescados magros y grasos. Los pescados magros o blancos son más bajos en calorías (70-80 Kcal. /100gramos) y en grasa, siendo más fáciles de digerir. Entre ellos se encuentra el bacalao, la merluza, la lubina, la dorada o el rodaballo. Por esta razón son tan utilizados en las dietas de control de peso. Por otro lado, los pescados azules o grasos tienen más calorías (120-200kcal/100 gramos) y algo más de grasa, pero son más ricos en otros nutrientes, como los ácidos grasos omega-3. Ejemplo de estos pescados son el atún, el salmón, la sardina, o la trucha.

El pescado es fuente de calcio, sobre todo las especies pequeñas como las anchoas y las sardinas, ya que en las espinas se acumula este mineral. Por ejemplo, una lata de sardinas contiene el mismo calcio que un vaso de leche. Este tipo de pescados supone, por tanto, una fuente de calcio alternativa para las personas intolerantes a los lácteos. Además, su importante contenido en vitamina D favorece la absorción del calcio y fosfato.

El zinc convierte al pescado en un alimento beneficioso para la piel, las uñas, el pelo y el sistema inmunitario. El pescado es una excelente fuente dietética de yodo, por lo que, además, interviene en el correcto desarrollo de la tiroides y el cerebro. Su aporte en vitaminas A y E es de gran interés nutricional por su acción antioxidante, constituyendo un factor protector frente a ciertas enfermedades cardiovasculares, enfermedades degenerativas y cáncer.

El pescado es rico en grasas insaturadas, las que se conocen como “buenas”. El pescado contiene ácidos grasos poliinsaturados entre un 25% y un 45% en los pescados azules. Entre estas grasas se  encuentra el ácido linoleico, de la familia omega-6, y los ácidos EPA (eicosapentanoico) y DHA (docosahexanoico), de la familia omega-3. Aunque en cantidades más discretas, el pescado también contiene ácidos grasos monoinsaturados y, en menor proporción, saturados.

A partir de los ácidos grasos omega-3 se sintetizan compuestos de acción antiinflamatoria llamados prostaglandinas. Según algunos estudios, una dieta rica en ácidos grasos omega-3, principalmente EPA, y antioxidantes puede reducir los efectos de la inflamación. En resumen, los omega 3 son beneficiosas en enfermedades cardiovasculares, ayudan a reducir el colesterol, preservan la memoria y retrasan el envejecimiento de la piel, además de contrarrestar enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide.

En resumen, para conseguir una alimentación equilibrada, es recomendable consumir los dos tipos de pescado presentes en el mercado, sabiendo que los pescados azules aportan más propiedades beneficiosas en proporción que los blancos, aunque contienen más grasa.

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